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Antonio Vivaldi no necesita presentación, así que simplemente os diré que, además de un músico excepcional, era cura. Il prete rosso (el cura pelirrojo) tan sólo tenía una pega: cuando le llegaba la inspiración, abandonaba todo aquello que tuviese entre manos para correr a plasmar sus ideas en el pentagrama.

Cuentan que esta situación se repitió varias veces mientras oficiaba sus servicios religiosos, así que sus superiores se enfadaron bastante con él y tomaron una seria decisión al respecto: ¡le prohibieron seguir diciendo misa!.

Así Vivaldi pudo disfrutar sin trabas del sueño de cualquier compositor: todo el tiempo del mundo para componer, y una orquesta que tocase sus creaciones. Esta orquesta estaba formada por las alumnas del orfanato que existía en Santa Maria de La Pietà, iglesia veneciana en la que Vivaldi pasó la mayor parte de su vida.

Muchos de los conciertos de Vivaldi fueron creados para estas alumnas, incluídas las Cuatro Estaciones, cuatro conciertos para violín solista en los que Vivaldi recrea diversas escenas rurales relacionadas con cada una de las estaciones del año.

En el movimiento que hoy nos ocupa, escuchamos una expresiva melodía interpretada por el violín, sobre un sutil acompañamiento de la orquesta, en el que los instrumentos de cuerda en lugar de tocar en la forma usual, es decir, pasando el arco por las cuerdas, lo hacen “pellizcando” éstas con los dedos (pizzicato), como si se tratase de guitarras.

Consiguen así un bello efecto sonoro con el que Vivaldi quiere simular el sonido de la lluvia golpeando los cristales, mientras la emotiva melodía del violín evoca los pensamientos del campesino que descansa y se adormece resguardado de la lluvia y al calor de un confortable fuego.

¡Espero que lo disfrutéis!

 

 

Una de las obras más conocidas de Handel es la Música Acuática, una suite (colección de danzas) a la que pertenece la pieza que escuchamos hoy. Se trata de una hornpipe, una danza de origen irlandés.

Hay quien dice que la Música Acuática es en realidad la historia de una reconciliación, concretamente la historia de la reconciliación de un músico con su patrón. Comencemos por el principio…

En 1710 Handel, ya por entonces compositor de gran fama, comienza a trabajar para el príncipe elector de la ciudad de Hannover. Dos años más tarde, le pide permiso para realizar un viaje con objeto de nutrirse de las tendencias musicales de la época, obteniendo autorización para realizarlo. Pero es tal la fama que el compositor adquiere en el extranjero, que su vuelta se demoraba más y más sin que éste pareciese tener prisa por regresar a su antiguo trabajo. Cuando Handel llevaba prolongando esta situación algo más de dos años, el príncipe es nombrado rey de Inglaterra, convirtiéndose en Jorge I, de forma que el músico se encuentra con la nada envidiable situación, a su regreso, de tener que dar explicaciones de su tardanza al mismísimo rey…

El enfado de Jorge I era previsible, por lo que Handel ideó la forma de reconciliarse con él aprovechando una fiesta que iba a ofrecer, y que incluía un viaje en barcaza por el Támesis. A poca distancia se situó otra barcaza con músicos que iban tocando diversas danzas para amenizar el festejo. Cuentan que al rey le gustaron tanto, que las hizo repetir numerosas veces a lo largo de la velada. Cuando preguntó por el autor de tan bella música y le dijeron que era su antiguo compositor, que por fin había regresado, no tuvo más remedio que reconciliarse con él.

Lo cierto es que esta música bien vale el perdón de un rey. Espero que la disfrutéis.

 

A nadie se le escapa que Beethoven fue un genio, pero, ¿dónde reside exactamente esa genialidad? Es realmente difícil explicar cómo llegamos a considerar a alguien genial, por eso hoy me gustaría ilustrarlo con un ejemplo.

Veamos la 5ª sinfonía. El comienzo es probablemente el motivo temático más conocido de la Historia de la Música. Creo que no debe haber nadie en el mundo que no reconozca ese “Pa-pa-pa Paaaaaaamm”

Analicémoslo: tenemos cuatro sonidos, tres que se repiten iguales y otro diferente y más largo. Es decir, en total dos notas, ya que las tres primeras son la misma repetida, y un ritmo de tres sonidos cortos y uno largo.

Y ya está.

¿¿Ya está?? ¡¡¿¿El fragmento musical más conocido de la Historia consta tan solo de dos notas y un ritmo??!!

Es casi insultante… pero es así.

Y una vez que ya ha sonado este motivo, ¿qué es lo que hace Beethoven? Pues… ¡repetirlo!, pero empezando en otra nota. Y, ¿una vez que lo ha repetido? Pues repetirlo más veces, pero ahora más rápido y muchas más veces, y que vaya pasando por todos los instrumentos, y que uno lo toque y el resto lo imite, y ahora de uno en uno, y luego toda la orquesta, y ahora más rápido y de nuevo otra vez lento… ¡realmente agotador!

Os invito a que escuchéis este movimiento fijándoos en este motivo, tratando de reconocer cada pa-pa-pa-paaaamm en sus diferentes versiones. Os aseguro que os quedaréis realmente asombrados de la cantidad de veces que aparece, por todos lados y en todo momento: para empezar una sección, para terminarla, como puente entre dos secciones, para crear tensión, para eliminarla, para volver de nuevo a… ¡repetir el motivo!

Escuchad atentamente y veréis que es así, y podéis estar seguros de que se os quedarán muchos sin escuchar, porque a veces se superponen en distintas voces y a diferentes velocidades…

Creo que nadie jamás ha conseguido sacar más jugo a dos notas y un ritmo.

Y, lo más maravilloso: sin que en ningún momento tengamos la sensación de estar escuchando todo el tiempo lo mismo.

¿No es simplemente genial?

 

Escuchando esta maravillosa música cuesta creer que en su estreno no fuera bien recibida. Tuvieron que pasar casi 20 años para que el público reaccionara de forma favorable ante estas hermosas melodías. Lo cual fue verdaderamente una pena, pues Tchaikowsky, tras el fracaso de este primer ballet no volvió a escribir otro hasta mucho tiempo después.

Cuesta creer que el público no se sintiera transportado de inmediato por estos sonidos a un mundo de cuento en el que se mezclan magia, amor, encantamientos, maleficios, engaños… una historia de fantasía, de esas que no tienen edad porque existen desde mucho antes de que nadie las cuente, ambientada por una música que parece haber sido escrita para evocar sentimientos que no pueden ser expresados con palabras.

Los mágicos sonidos del arpa y la tenue melodía del oboe nos transportan a una noche oscura, a un lago en el que no todo es lo que parece. Las voces más estridentes de los metales repitiendo el mismo tema nos avisan del inminente peligro, la presencia de un hechicero. Por tercera vez se repite la melodía, esta vez para introducir el cortejo de cisnes. Tras el asombro inicial, éstos realizan su danza ante el sorprendido príncipe, siempre bajo la amenaza de la presencia del hechicero. Mas de pronto todo se vuelve silencio cuando la encantada princesa cisne aparece envuelta en sonidos de fantasía que se transforman en sorpresa, miedo, curiosidad, y finalmente confianza. La orquesta canta para que los amantes se unan, mas pronto unos bruscos acordes y una melodía que hace llorar el alma anuncian la despedida…

Música, en definitiva, hecha para emocionar. Que lo disfruteis.

 

Boccherini decidió subtitular a este movimiento “Los españoles se divierten por las calles”.

Cuando llega de Italia para trabajar en la Corte madrileña, a mediados del siglo XVIII, no podemos saber qué expectativas trae, pero lo que está claro es que éstas se vieron superadas por el ambiente de esta ciudad que le acogió tan hospitalariamente, hasta el punto de que su música se ve influenciada por los sonidos populares de la calle, como reflejan muchas de sus obras.

En la pieza que escuchamos hoy, los violines imitan el rasgueo de las guitarras recreando un ambiente bullicioso y festivo con una orquesta de cuerda, consiguiendo así fusionar la música culta con la música popular en una obra que comparte las características de ambas.

La forma musical utilizada para esta composición es el pasacalle, que participa también de estos dos tipos de música, pues aunque en la época de Boccherini era empleada en la música culta, su origen lo encontramos varios siglos antes precisamente en la música popular española.

Sobre la base del rasgueo de las cuerdas escuchamos la alegre y pegadiza melodía del violoncello. De pronto todos callan para dar paso al solo de violín, que inicia una serie de arpegios (sucesión de notas ascendentes y descendentes) muy rápidos y ligeros. Pero nuevamente se impone la melodía popular y de nuevo el rasguear de los violines imita el sonido las guitarras y la fiesta nocturna en las calles madrileñas. Un nuevo solo del violín anuncia el final de este movimiento, que gradualmente va perdiendo fuerza y velocidad. Por último escuchamos otro violín imitando el sonido de un tambor: se trata de la guardia nocturna, que pasa recorriendo las calles y anunciando el toque de queda, y con él el fin de la noche y la diversión… para algunos ;-)

Espero que lo disfrutéis.