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1. La función del profesor

La misión del profesor en cualquier tipo de enseñanza es la de guiar al alumno, de forma que éste pueda desarrollar flexible y naturalmente sus propias posibilidades técnicas y creativas, su personalidad artística y sus condiciones singulares.

I. Galamian, en su libro “Principles of violin playing ande teaching”, insiste en que “la técnica para tocar el violín no consiste en una serie de reglas inamovibles, sino más bien en un conjunto de principios generales en el que puedan tener cabida todos las particularidades y que sea suficientemente flexible para poderlo aplicar a cualquier caso especial.

 

El profesor ha de percatarse de que cada estudiante es un individuo con su propia personalidad, sus innatas características físicas y concepción mental; con su forma peculiar de adaptación al instrumento y de sentir la música. Una vez que el profesor haya sensibilizado esto, debe tratar al estudiante en consecuencia.

La clave para obtener destreza, exactitud y completo dominio en la técnica del violín ha de buscarse en la relación existente entre la mano y los músculos, es decir, en la capacidad de conseguir la mayor rapidez y precisión posibles en la sincronización del binario orden mental/respuesta física.

Es básico iniciar en el alumno desde el comienzo de los estudios un trabajo consciente y reflexivo. Cada ejercicio que se haga, cada vez que pase el arco, cada dedo que mueva sobre las cuerdas, debe controlarlo con su inteligencia, sabiendo lo que hace y por qué lo hace, hasta llegar al fin que trata de conseguir, y, como dice Javier Claudio en su libro “El arte del violín”, debemos tener en cuenta que el talento no sustituye a la práctica diaria, y es misión del profesor ayudar al alumno a diferenciar el trabajo inútil del que produce resultados satisfactorios, pues realizando el estudio con eficacia, se obtiene el mejor resultado en relación a la cantidad de tiempo empleado para ello.

2. La finalidad del estudio

El estudio tiene como fin familiarizarnos con la obra hasta convertir nuestros actos voluntarios en involuntarios, dejando que nos podamos centrar plenamente en hacer música.

Es recomendable plantear el trabajo semanalmente, incluyendo cada día al menos algo de cada grupo: escalas, estudios, obras…

3. Fases del estudio

A la hora de trabajar una nueva obra debemos tener en cuenta las diferentes fases del estudio:

La primera es la fase de preparación, que incluye la elección de la edición, conocer el autor y la época, lo cual hará que la clasifiquemos mentalmente en un determinado estilo, y la atenta lectura de la obra, primero de forma teórica y luego con el instrumento a tiempo lento.

Una vez que se pueda leer toda la obra sin paradas, vendría la fase de integración, durante la cual se resuelven las dificultades que quedaron delimitadas en la lectura, desarrollando el espíritu de autocrítica, aprendiendo a escuchar sus propias interpretaciones y valorando los resultados musicales en cada momento, se añaden en esta parte del proceso las indicaciones complementarias, así como los conocimientos interpretativos, adquiriendo seguridad de ejecución, para ir progresivamente poniendo en tempo la velocidad de la pieza sin descuidar ninguno de los aspectos trabajados anteriormente. Debemos atender especialmente a la distribución correcta del arco.

Cuando el estudiante está capacitado para hacer una primera incursión práctica en el campo de la expresión, viene la última fase del estudio, la fase de maduración, comprensión musical y concepción personal de la obra, en la que se buscará la máxima pulcritud y perfección en la realización de todas las áreas trabajadas en fases anteriores.

También es recomendable, una vez que este proceso está más avanzado, realizar cada día una lectura de la obra completa para enfrentarnos con las dificultades y advertir cómo va el progreso.

Hay que alternar periodos de estudio con otros de descanso en la proporción más adecuada para cada uno. El alumno debe entender desde el primer momento que la música está hecha para disfrutarla, no para sufrirla.

4. distribución del tiempo de estudio

Durante la jornada de trabajo se debe tener en cuenta una velocidad apropiada de estudio que permita la correcta lectura y precisión, así como el trabajo por secciones.

La posible distribución de una jornada de estudio incluiría:

Un periodo de calentamiento, durante el cual se realizarán ejercicios técnicos generales, como escalas y arpegios, y otros más específicos, con la finalidad de calentar los dedos y conseguir flexibilidad, equilibrio, precisión, buen sonido y facilidad de movimientos.

Más tarde se abordaría el trabajo de los estudios y por último el trabajo más específico dirigido a una de las obras del programa.

En el caso del violín, durante el periodo de calentamiento es recomendable alternar periodos de estudio de pie y sentados, así como concentrarse de vez en cuando específicamente en la respiración, evitando apretar la mandíbula y regresando siempre al estado de relajación tras algún esfuerzo.

Como recomendaciones generales, antes de comenzar la jornada de trabajo se debe elaborar un plan de trabajo, previo análisis de los objetivos a alcanzar durante la sesión.

Si es posible, trataremos de dividir la jornada en dos: mañana y tarde, incluyendo periodos de descanso cada cierto tiempo o cuando se observen síntomas de desconcentración.

Debemos ser persistentes en el trabajo diario ininterrumpido, así como tener confianza en el trabajo que se está realizando, y ser pacientes en obtener resultados.

5. El alumno autosuficiente

Es importante enseñar al alumno a resolver dificultades por sí solo, para lo cual deberá aprender a delimitar el problema, determinando la causa que lo produce, bien sea de posición corporal, revisión del entorno musical, digitación, velocidad de ejecución, memoria, tensiones, fraseo, etc.

El siguiente paso es la aplicación de soluciones lógicas basándose en los conocimientos adquiridos previamente.

6. La motivación

El resultado del trabajo personal y el grado de eficacia del estudio se relacionan directamente con la motivación, pues el rendimiento tiene mucho que ver con la actitud personal del alumno hacia lo relacionado con el instrumento y su aprendizaje.

Un estudiante motivado es un estudiante capaz, pues el efecto motivador genera en el individuo una especie de amplificación mental que hace que la persona vea en ella misma las capacidades y el talento precisos para llevar a cabo con éxito aquello que se propone y hacia lo que demuestra una natural inclinación.

7. Los factores metodológicos

Un amplio conocimiento del procedimiento a seguir por el estudiante durante las horas de estudio es fundamental para el éxito de su aprendizaje, puesto que la mayor parte del tiempo que éste dedica a su preparación lo hace fuera del aula, y si el trabajo personal no está bien planificado, comprendido y ejecutado, el resultado distará mucho de ser aceptable.

Se deben evitar dos tipos de planteamientos: por un lado, la impaciencia en conseguir resultados inmediatos, pues conduce a hábitos perjudiciales como errores de lectura, defectos de sonido, imprecisiones o desigualdades, y por otro lado la repetición sistemática de la obra, o, en el mejor de los casos, de un pasaje, una y otra vez, pues aunque el trabajo repetitivo es necesario, nunca debe hacerse de forma indiscriminada.

Si al sistema de trabajo le añadimos ingredientes como atención dirigida, lógica y sentido común, además de mucha paciencia, comienzan a desaparecer la monotonía, el automatismo y hasta el aburrimiento, generados por un estudio no planificado, dando paso a la satisfacción que proporciona el darse cuenta de que el tiempo y el esfuerzo dedicados a la práctica del instrumento se transforman en eficacia y alto nivel de rendimiento.

8. Actitud ante las dificultades

Ante un posible problema, nuestra actitud será primero de análisis para delimitar del problema, determinar la causa que lo produce y su naturaleza.

Una vez delimitado el problema debemos aplicar soluciones para corregirlo, atendiendo a la igualdad mecánica, dinámica, agógica, el trabajo mecánico de los dedos y la atención consciente, es decir, la participación de la mente en todo el proceso de aprendizaje.

9. La interpretación

Por último, debemos ser conscientes de que el músico es el intermediario entre el compositor y el oyente, y que la música debe producir sensaciones en quien la interpreta y en quien la escucha, para lo cual deberemos estar muy atentos a la precisión y el control de los detalles, pues como dijo Yehudi Menuhin, cuanto más perfecta sea la práctica, más perfecta será la ejeución.