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1. El uso del instrumento

La elección de un violín siempre dependerá del uso que se le vaya a dar y del tipo de música que se vaya a hacer con él.

Si es un violín de estudio tendrá unas características, y si es para uso profesional, factores como si se va a hacer con él música barroca, de cámara, sinfónica, o si va a ser empleado como solista, también influirán en la elección.

Por otra parte para escoger un buen violín hay que haber alcanzado un buen nivel técnico y haber desarrollado una personalidad musical, tener cierta experiencia de los instrumentos, sentir que un determinado violín puede llegar a sonar de otra manera, que puede evolucionar…

 

Por esto, cuando un estudiante quiere elegir un violín debe consultar con un profesional que le asesore sobre la elección, preferiblemente su maestro, pues éste conoce bien su forma de tocar, y le puede aconsejar sobre las características más apropiadas, aunque en último caso la elección será siempre del alumno, pues también es labor del profesor enseñarle a elegir un instrumento.

2. El presupuesto

Como es lógico, es otro de los factores determinantes, y dependiendo de la cantidad que estemos dispuestos a invertir en un violín, escogeremos uno de fábrica o uno artesanal.

3. El tamaño apropiado

Si el violín que deseamos adquirir va a ser empleado por un estudiante, primero tendremos que asegurarnos de cuál es el tamaño correcto, en el caso de que sea para un niño.

Existen en el mercado diferentes tamaños de violines para estudio, aunque casi nunca son instrumentos de luthier. De hecho, muchos de ellos son de mala calidad y en ocasiones el montaje no es aceptable.

Para elegir el tamaño del instrumento, se coloca el violín sobre el hombro del niño en posición de tocar, éste estira el brazo por debajo del violín hasta rebasar la voluta, y en esta posición la mano debe sobresalir con la palma hacia arriba, el nacimiento de la mano coincidiendo con el extremo de la cabeza del violín, y la mano debe poder rodear la voluta del violín sin forzar la posición.

Es importante que el tamaño del violín sea el adecuado, especialmente si es el primer instrumento del alumno, pues estudiar la técnica básica con un instrumento demasiado grande o demasiado pequeño será una constante fuente de problemas de posición, afinación, manejo del arco…

4. Requisitos mínimos

Aunque sea un instrumento de estudio, se deben establecer los siguientes requisitos:

El montaje de todas las piezas movibles debe estar bien equilibrado y ajustado.

Debe poseer las cuerdas y los accesorios adecuados para la buena adaptación del alumno.

Las clavijas estarán correctamente ajustadas, de modo que no resbalen ni se agarroten, pues esto retrasará en el alumno la práctica y la habilidad necesaria para manejarlas.

La cejilla deberá tener la elevación justa, con sus ranuras correctamente separadas para no rozar las cuerdas de al lado con los dedos, incluso en primera posición.

En el puente debemos asegurarnos de que su situación, equilibrado y estabilidad son las correctas, y de que presenta la curvatura justa para sensibilizar los diferentes planos del arco para cada cuerda, pues si el puente es demasiado plano, será imposible para el alumno tocar sólo una cuerda.

Respecto a las cuerdas, deberemos elegir las más apropiadas para facilitar el aprendizaje, y asegurarnos de que que no se claven.

Es tarea del profesor intentar convencer a los padres de la importancia de elegir un buen instrumento, proporcionado a las dimensiones del brazo del niño, para asegurar el correcto desarrollo del alumno.

Estos mismos criterios de calidad se deben aplicar al arco.

5. Alumnos avanzados

Si el instrumento que queremos adquirir es para un alumno de un curso avanzado, o incluso para un profesional, tendremos que fijarnos en tres factores: la sonoridad, la calidad del instrumento y su estado de conservación.

Respecto a la sonoridad, debemos asegurarnos de que el timbre del instrumento elegido nos resulte agradable, para después comprobar que éste es homogéneo en toda la extensión de las cuatro cuerdas, en todas las dinámicas, desde el pianissimo al fortissimo, manteniendo un equilibrio sonoro lo más perfecto posible.

También debemos establecer el límite máximo de su potencia acústica, y asegurarnos de que no se perciben ruidos, ni de que el sonido sea áspero, así como de que el violín es capaz de transmitir este sonido a larga distancia.

Para esto debemos escuchar también el instrumento de lejos, pues a veces ocurre que violines que suenan bien de cerca, no lo hacen tanto de lejos.

Un buen violín debe tener un sonido de alcance, que se propague a cualquier punto de la sala.

Por otro lado revisaremos la respuesta a la emisión de armónicos y la duración de la vibración de los producidos normalmente, así como del pizziccato, pues la larga permanencia del sonido que se extingue lentamente favorece el enlace de la expresión melódica.

La claridad y rapidez de emisión del sonido son también de primordial importancia, sobre todo en pasajes rápidos.

Es importante contar con otras opiniones además de la propia a la hora de elegir un violín, bien sea del profesor, o de un compañero, si el violín es para un profesional, pues esto permitirá, además de tener otras opiniones, la posibilidad de escuchar el violín desde fuera, de cerca y de lejos, obteniendo así más datos acerca de su sonoridad.

Todos estos datos son relativos, por lo que deberemos siempre compararlos con nuestro propio instrumento.

También es bueno hacer sonar muchos violines para desarrollar memoria sonora, así como probar un mismo instrumento en diferentes salas o habitaciones, pues si lo hacemos en una sala con poca reverberación, sonará más seco y con poco volumen, en cambio en salas con más resonancia el sonido se verá amplificado, sobre todo en los agudos, no permitiendo apreciar con claridad las cualidades del instrumento.

6. La calidad

Respecto a la calidad del instrumento, debemos asegurarnos de que las medidas de la caja son correctas, y de que la longitud del mango está en proporción, así como de que su forma no ha sido modificada, como era frecuente en el siglo XIX para poner los instrumentos en conformidad con ciertos patrones.

Si queremos un instrumento de firma, debemos fijarnos en el autor y la fecha que aparecen en la etiqueta, aunque este dato puede no ser del todo fiable, sobre todo en los instrumentos más antiguos, pues a veces se colocaban etiquetas antiguas en otros instrumentos, o incluso el propio autor ponía en la etiqueta el violín que estaba copiando, sin contar con los casos de fraude que pueden darse.

Hay que intentar, por lo tanto, que lo que sea auténtico sea el violín, no la etiqueta.

También hay que tener clara la diferencia entre una copia y una falsificación. Existen copias de Stradivarius a nivel industrial, con técnicas de envejecido mediante radiaciones, o tratamiento de la madera con cerveza o agua jabonosa.

Algunas correcciones efectuadas en los instrumentos se pueden descubrir mediante la lámpara de cuarzo que deja a la luz reparaciones o retoques del barniz no perceptibles a simple vista.

Un buen constructor o un profesor podrán aportar datos sobre si un insrumento está bien hecho, o sobre cómo suena, pero seguramente no sabrán si el instrumento es original o no, pues sólo un experto puede acreditar la veracidad con un certificado, basándose en los datos que posee, producto de una gran experiencia.

Es importante por tanto, en violines de cierta calidad, intentar conseguir una garantía o certificado, emitido por un experto, que cobrará por este trabajo el diez por ciento del valor del violín. Existen diferentes tipos de certificados con respecto a los datos que en él se contemplen, si el instrumento se atribuye a un constructor, o a una escuela, o a un determinado taller, o si es contemporáneo de algún otro o lo imita…

Los precios de los instrumentos también varían considerablemente entre unos y otros, por lo que no es aconsejable invertir una suma considerable si no está avalado por alguien de prestigio.

7. El estado de conservación

Por último debemos analizar el estado de conservación, si tiene grietas, y si éstas están bien reparadas, prestando especial atención a las que estén cercanas al alma tanto en la tapa como en el fondo.

También debemos verificar el estado del barniz y si el instrumento presenta agujeros causados por la carcoma.

Asimismo es importante verificar los espesores de las maderas para asegurarnos de que no estén mal forradas para aumentar la sonoridad en instrumentos de tapas delgadas, práctica habitual en el siglo XIX que puede causar la desnaturalización del sonido.

Otro punto importante es la búsqueda de posibles partes despegadas, que detectaremos dando ligeros golpes con los nudillos sobre el borde de la tapa superior y del fondo, de forma que obtengamos un sonido compacto y seco.

Los aspectos estéticos son una cuetión personal: el color del barniz no influye en la sonoridad, tan sólo debemos preocuparnos de que éste esté correctamente aplicado.

Debemos tener en cuenta que el montaje del puente y el alma puede cambiar el sonido completamente, pues entre ellos es donde mayor cantidad de fuerzas interrelacionadas se acumulan, por lo que lo más recomendable es hacerlo siempre en el taller de un luthier de confianza.

El puente, dependiendo de la altura, puede corregir la sonoridad de las cuerdas. Si se monta demasiado alto suele dar más brillo al sonido y en ocasiones más potencia, pero esto también dificulta la emisión, y el hundimiento de la cuerda, sobre todo en el agudo, es cada vez más duro. Si por el contrario está demasiado bajo, se pierde en potencia lo que se gana en facilidad d ejecución.

La calidad de la madera en la que está tallado, su diseño y su edad son también importantes. Además, la curvatura entre la primera y la cuarta cuerdas no ha de ser muy proninciada para evitar la dificultad de ejecución de las dobles cuerdas.

El papel fundamental del alma es facilitar la emisión de las vibraciones cortas para las dos cuerdas de la derecha y la de las vibraciones largas para las dos de la izquierda, y su ajuste tiene repercusiones sobre el timbre: si está situada demasiado cerca del puente, los agudos sonarán estridentes y los graves secos.

Vemos pues que con un correcto montaje del puente, el alma y las cuerdas, se puede mejorar algún defecto de sonido, o acomodar el instrumento a nuestro gusto, siempre y cuando lo pongamos en manos de un buen artesano con oído para ello.

8. El arco

La elección del arco es tan importante como la del violín.

Al igual que con los violines, existen arcos de fábrica pensados para los estudiantes, y arcos artesanales, en los que debemos prestar atención a su origen, escuela de fabricación, fecha de construcción y estado de conservación.

Los arcos artesanales suelen tener el nombre del constructor grabado a fuego, pero no debemos fiarnos completamente de este dato porque a veces figura el nombre del arco que se está copiando.

La vara ha de estar perfectamente recta, sin desviaciones, y bien equilibrada, pues algunos arcos pesados pueden parecer ligeros al emplearlos si están bien equilibrados.

Con un arco pesado el sonido producido será más lleno porque se adhiere mejor a la cuerda, pero su manipulación será difícil en pasajes virtuosísticos y en los golpes de arco ligeros.

En cambio, con un arco demasiado ligero, aunque obtengamos un spiccato perfecto, la materia sonora perderá en densisdad, riqueza y potencia.

El arco deberá también poseer fuerza, agarre sobre las cuerdas, elasticidad y pronta recuperación.

Habrá que examinar atentamente el arco para ver si tiene alguna reparación, especialmente en la cabeza, la parte más delicada, en las proximidades de la nuez o entre ésta y el tornillo.

La nuez no debe tener holgura hacia los lados y el juego del tornillo no debe estar bloqueado o endurecido.

La encerdadura no debe ser ni demasiado corta, pues el arco no se podría destensar, ni demasiado larga, pues no se podría tensar, y debemos asegurarnos de que al apretar el tornillo éste no tire de la vara hacia un lado.

El grado de curvatura de la vara es importante para garantizar una buena elasticidad, y además el arco deberá poseer el peso correcto para poder desplazarlo con facilidad rápidamente en toda su extensión en notas largas y cortas, percibiendo que posea en esos movimientos ductilidad al cambio de dirección y adherencia a la cuerda, sobre todo en la punta.

Los arcos antiguos suelen pesar menos que los modernos, ya que ahora se le exige más sonoridad al instrumento.

Un arco correctamente equilibrado tendrá mayor efectividad de golpes de arco como el saltillo o el spiccato.

El que la vara sea cilíndrica u octogonal no influye en el sonido, pero la forma del talón deberá permitir que el arco se adapte a la mano, como si formara parte del brazo, siendo esto una cuetión personal.

El precio del arco depende de si es un arco fabricado en serie o de un luthier. Aspectos como la nuez de plata, oro, marfil o nácar, encarecen el arco y lo embellecen, pero no mejoran su sonoridad.

9. Invertir tiempo

Es importante dedicar tiempo a la elección del instrumento, pues la práctica con un instrumento mediocre nos hará renunciar a la búsqueda del sonido ideal, añadiendo la dificultad de discernir los defectos del instrumentista de los del instrumento.

Debemos saber qué tipo de sonido preferimos, pero también debemos tener claro que el violín perfecto no existe, por lo que en ocasiones deberemos conformarnos con mejorar el actual para no vernos envueltos en una búsqueda eterna.

10. La conservación

Para conservar el violín en óptimas condiciones habrá que quitar cada día la resina con un paño suave, pues la resina acumulada sobre la tapa impide que ésta vibre.

Para una limpieza profunda de la tapa y las partes barnizadas, podemos usar un producto especial que venden los luthiers formado por aceites y resinas vegetales, o bien alguna de las soluciones neutras comercializadas en casas especializadas.

También retiraremos la resina de las cuerdas y el diapasón, y habrá que limpiar las cuerdas de vez en cuando con algodón y colonia vieja.

En ocasiones se forma una bola de polvo en interior por efecto de las vibraciones, que se puede retirar con cuidado con unas pinzas.

Podemos limpiar el interior del instrumento introduciendo un puñado de granos de arroz y agitándolo de modo que el polvo acumulado en su interior se adhiera a los granos de arroz que posteriormente sacaremos con cuidado.

La vara del arco se limpia igual que el exterior del violín. Si deseamos limpiar las cerdas, lo haremos con alcohol impregnado en un paño, con cuidado para que no entre en contacto con la vara, pues el barniz podría disolverse. Cuando esté seco le daremos resina.

Para la buena conservación del arco, al dejarlo en posición de reposo debe quedar ligeramente destensado, pues en caso contrario la curva de la vara se puede ver perjudicada y perder sus cualidades.

El arco debe ser encerdado tan pronto como las crines comiencen a romperse fácilmente, pues las primeras que se caen sulelen ser las del exterior del arco, por lo que las restantes pueden torcer y distorsionar la vara.

11. La protección

Para evitar que la polilla ataque a las cerdas del arco, podemos introducir en el estuche una bola de naftalina. También podemos introducir en el estuche un repelente contra la carcoma, especialmente si el instrumento va a estar sin usar algún tiempo.

Cambiar las cuerdas con frecuencia, así como las cerdas del arco, garantizará una buena sonoridad, y mantener el instrumento afinado el máximo tiempo posible crea una presión de cuerdas homogénea y equilibrada, que asegura una respuesta vibratoria óptima.

Los cambios de humedad perjudican la vida útil del instrumento. La cara interna, al estar sin barnizar es muy sensible a los cambios de humedad, pues tiende a igualar su humedad con la del exterior, de forma que en días secos la expulsa y en días húmedos la recibe.

Si se da un cambio brusco de temperatura o de humedad, se produce un desequilibrio entre las densidades de las capas más y menos próximas a la cara no barnizada, lo que puede provocar una fisura en la madera.

Para amortiguar los cambios bruscos de humedad podemos colocar un humidificador en el interior del violín. Los aires acondicionados, al provocar una deshumidificación del aire, también pueden provocar un cambio brusco.

El calor puede desencolar la tapa, por lo que trataremos de guardar el violín en un ambiente fresco, alejado de radiadores y de corrientes de aire.

También se pueden producir cambios de temperatura o presión debidos a los viajes, pero el instrumento se suele normalizar en poco tiempo.

Para guardarlo lo envolveremos en una tela de seda, delgada y transpirable, y lo guardaremos en un estuche que lo aísle de los cambios de presión, humedad y temperatura, y suficientemente robusto como para protegerlo frente a posibles golpes. Los estuches de fibra son resistentes y ligeros, pero algo más caros.